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Abandonado En La MIR

EDITORIAL: EL COSMONAUTA SOVIÉTICO Y LA GUERRA ECONÓMICA

Serguei Krikalev podría decirse que fue el último ciudadano soviético, abandonado en el espacio a bordo de la Estación Espacial MIR mientras la sociedad que lo puso en órbita desaparecía. Había despegado desde un Cosmódromo soviético que luego sería un local alquilado por la República de Kazajistán a una difuminada e insolvente Agencia Espacial Soviética, al despegar Krikalev el Presidente de su país era Gorbachov, cuando pudo retornar lo era Boris Yeltsin, y ya no ondeaba en el Kremlin la bandera roja de la hoz y el martillo.

Krikalev despegó el 19 de mayo de 1991, debía volver el 4 de octubre del mismo año, pero ese día nadie llegó a relevarlo. Estuvo 313 días en la MIR, cada día la estación espacial daba 17 vueltas a la órbita de la tierra, el día y la noche se sucedían cada 45 minutos, cada mes que transcurría en la ingravidez significaba la pérdida de un 10% de masa muscular y de 1% de masa ósea. En vez de octubre de 1991, Krakilev regresó en Marzo de 1992, fue recibido en medio de circunstancias muy distintas a las de su partida.

Mientras aún estaba en órbita un amigo cosmonauta le narraba la situación que se vivía en tierra:

      “No sabes lo difícil que ha sido hallar los limones que te hemos mandado. No todos en este país ahora pueden tener un limón. Comprendemos tu agotamiento, pero el propio presidente Yeltsin ha prometido tu retorno para el próximo mes de marzo, si bien ya sabes que no podemos confirmar nada…Dicen los psicólogos que tu depresión es debida al hecho de ver los cambios que están pasando en la nación, a que tu sueldo al partir era aún respetable y sin embargo hoy tu mujer ve cómo no alcanza para nada… Unos dos meses tras la liberalización de precios se han cuadruplicado. El Gobierno dice que es la corrupción. Las primeras privatizaciones son un escándalo. Las mafias se apropian de todos los sectores. Tienen de todo y controlan todo, desde drogas y armas hasta el comercio de las naranjas o el caviar. Con ello te darás una idea de cómo está nuestra economía. Disculpa que te cuente las preocupaciones de tus compatriotas, pero hay muchas amenazas y miedo a un golpe o estallido social”.

La URSS había pasado de ser una amenaza seria para el imperialismo a dejar de existir, y con ella su identidad, soberanía, independencia, la sociedad soviética capaz de derrotar al nazismo era avasallada y disuelta.

En Venezuela, con las diferencias obvias del caso, el imperialismo persigue similares objetivos: confinar a la sociedad venezolana en su propio territorio, bloquearla cual si estuviéramos en una estación espacial con suministros contados y escasos, sumirla en una crisis económica devastadora hasta hacerla sucumbir y entregar su identidad como nación, su independencia, la plena soberanía petrolera conquistada por Chávez, el rumbo al socialismo que nos legara.

Y aunque parezca paradójico las respuestas que necesitamos para salir del asedio las da el propio enemigo. El mismo año 1991, el 4 de Noviembre, con Serguei Krikalev aún en la Estación MIR, Margaret Thatcher desde Houston-Texas, se refería a la Unión Soviética en estos términos:

      “La URSS es un país que supone una seria amenaza para el mundo occidental. No me estoy refiriendo a la amenaza militar, en realidad ésta no existía. Nuestros países están lo suficientemente bien armados, incluyendo el armamento nuclear. Estoy hablando de la amenaza económica. Gracias a la economía planificada y a esa particular combinación de estímulos morales y materiales (…) Si añadimos a esto los enormes recursos naturales de los que dispone la Unión, con una gestión racional de la economía, son más que reales las posibilidades que tiene de expulsarnos del mercado mundial.” 

Esto lo dice Thatcher, una de las artífices del establecimiento firme del neoliberalismo, responsable de la nefasta combinación del aumento de la productividad del trabajo y el descenso del salario real de los trabajadores, dos aspectos fundamentales en la lucha del modo de producción capitalista contra la baja tendencial de la tasa de ganancia, ley que inexorablemente se cumple a pesar de que al unísono se diga que Marx y el marxismo auténtico son cosas del pasado. La dama de hierro afirma que la economía planificada, la combinación adecuada de estímulos morales y materiales, constituyen herramientas letales contra el capitalismo, y nosotros todavía hoy seguimos pensando que los empresarios privados son la respuesta a las distorsiones económicas que ellos mismos crean. Thatcher habla de las fortalezas de su enemigo estratégico sin complejos, y nosotros no somos capaces de reconocer nuestras propias fortalezas.

Esto llevado a nuestra realidad nos induce a pensar ¿por qué si el Estado Venezolano genera y controla el 95 % de las divisas de la nación, se las entrega a los empresarios privados para que distorsionen la economía, generen centrífugas de divisas y sostengan el mercado ilegal de divisas con el que imponen su propio sistema de precios? ¿Es acaso un disparate que se pretenda planificar la economía integralmente desde el control que se tiene de las divisas? Hasta Margaret Thatcher entendería que lo hiciéramos, lo combatiría pero lo entendería como nuestra fortaleza, entonces ¿por qué no lo hacemos?

Ojalá no corramos la misma suerte de Krakilev, despojado, poco después de llegar, de las insignias distintivas de su nacionalidad como acto final para hacerle entender que ya no tenía Patria.

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