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Carta A Los Revolucionarios Venezolanos

EDITORIAL: CARTA A LOS REVOLUCIONARIOS VENEZOLANOS

Nos encontramos en los actuales momentos y en las actuales circunstancias en la encrucijada más importante de nuestro ciclo vital, sin grandilocuencias debemos afirmar también que nuestra vitalidad física y mental coincide con la necesidad de la humanidad de contar con la generación que asuma la mayor tarea asignada jamás. Ninguna otra generación de cubanos, venezolanos, latinoamericanos o revolucionarios de cualquier latitud, había tenido entre sus responsabilidades objetivas la de garantizar el futuro a las generaciones humanas venideras.

Esta carta no pretende ahondar en las causas que nos han traído hasta semejante encrucijada, pero sí estar conscientes de que configura la necesidad de asumir posturas orgánicas que superen el sentido común, el conformismo ideológico, “las vacaciones mentales”.

El buen diagnóstico de la situación política no es suficiente, detectar pactos, colaboracionismos, contradicciones, es un ejercicio fundamental pero no suficiente, que además puede conducir a la desmoralización, a la apatía.

Es necesaria la práctica revolucionaria, la actitud revolucionaria ante la dificultad, presente en el Libertador Simón Bolívar cuando cae la Primera República y escribe el Manifiesto de Cartagena como preparación teórica de la acción que conocemos como La Campaña Admirable.

Presente también luego de ser derrotado y pretendió una nueva campaña que no tuvo ningún apoyo, es cuando proscrito en Jamaica escribe una carta donde analiza la situación del continente y sus posibilidades ciertas de transitar a un destino común, esboza a Colombia la grande.

Presente cuando regresa a su tierra con el apoyo de Haití y declara la abolición de la esclavitud contra su clase y contra su época.

Presente cuando desde Angostura, enfrentado aún al imperio español y a la ayuda norteamericana que recibía, crea La Gran Colombia, o cuando habla en la presentación de la Constitución de Bolivia del “hombre propiedad” y definía así la esclavitud: “un hombre poseído por otro”, definición que aún hoy tiene vigencia y que es muy semejante a la clásica “explotación del hombre por el hombre”.

Pero podemos hablar también de Fidel, de su presidencia estudiantil del comité de solidaridad con República Dominicana y su intención de, enrolado como parte de una expedición, liberarla.

Podemos mencionar el capítulo poco conocido de la quijotesca participación de Fidel en el Bogotazo desde una comisaría.

Podemos hablar también de su intención de llegar a ser diputado para desde el congreso desplegar su programa que conoceríamos después como La Historia me Absolverá, acción semejante a la constituyente de Chávez, intentada desde 1992.

Luego de mucho transitar, en medio de dificultades económicas, de vivir en casa de generosos militantes del partido ortodoxo, Fidel se percata, luego del golpe de estado dado por Batista, luego de intentar sumarse a alguna conspiración de los depuestos por Batista, luego de rechazar las invitaciones de los emisarios de los dominantes, se da cuenta que todo dependía de su esfuerzo y organiza el asalto al Moncada. Y aquí podemos detenernos y asimilar esta postura de Fidel con Bolívar y con Chávez, en el caso de Bolívar por no esquivar la responsabilidad que asumió en Monte Sacro y que lo condujo por el camino correcto, guiado por la idea correcta, la de liberar a los esclavos. En el caso de Chávez cuando deja “la cómoda modorra” para transitar un camino desconocido el 4 de febrero de 1992.

Como Chávez, Fidel no logra el objetivo en el Moncada, con suerte salva su vida y desde la prisión escribe con jugo de limón, para ser sacado clandestinamente, el ya más arriba mencionado alegato en el juicio que se le hizo a los moncadistas y conocido como La Historia me Absolverá, fue publicado bajo el asombro de la tiranía. Dada la soberbia de la dictadura de Batista y para bajar la presión de la opinión pública los indultan (otra coincidencia con Chávez) y Fidel demuestra desde la libertad y luego en el exilio en México que no existía otra vía para Cuba que la toma del poder por las armas y regresa en el Granma, es emboscado y con pocos sobrevivientes y pertrechos declara que ganarán la guerra y logra vencer.

Alguien pudiera exigir que tomando en cuenta la cronología de los acontecimientos Fidel debe asemejarse a Bolívar y no al revés, podemos responder que tiene razón porque Fidel atribuyó la autoría intelectual de sus acciones del Moncada a José Martí que es uno de los más consecuentes bolivarianos de América.

Podemos hablar del Che, su recorrido por América en dos ocasiones, recorridos que sientan los cimientos de uno de los Comandantes más destacados de la Revolución Cubana, en sus diarios de viaje escribe: “yo ya no soy yo, al menos no soy el mismo”, su contacto con el continente profundo lo llevan a escribir que quiere ser un médico revolucionario, y añade, pero para serlo primero hace falta una revolución. Y une su destino -como para ayudar a este relato- con Fidel, que le dice para convencerlo de sus objetivos en los preparativos para zarpar en el Granma: si salimos llegamos, si llegamos combatimos y si combatimos triunfamos. Y él, Ernesto, le cree.

Podemos mencionar también aspectos que pasan desapercibidos generalmente, ese médico argentino, que se proletariza desde muy joven, funda la Radio Rebelde en la Sierra Maestra, pasa de ser el médico de la expedición al primer Comandante ascendido por Fidel y, construye desde su acción cotidiana las bases teóricas de la acción de cualquier revolucionario, la vida en la Sierra condujo a una doctrina ética y moral que constituye la reafirmación de los paradigmas revolucionarios, el Sistema Presupuestario de Financiamiento, el Trabajo Voluntario, el deber social, los estímulos morales, predicar con el ejemplo “que es la mayor elocuencia”, el internacionalismo, el no ocultar nada por motivos tácticos, el hombre nuevo, el partido revolucionario, el centralismo democrático, Guanahacabibes, el sistema de democión… Bastaría estudiar con seriedad e interés cada aspecto de los mencionados para dejar la apatía y las vacaciones mentales, para asumir el reto que sabemos está planteado y no terminamos de asumir.

Los llamados objetivos de la realidad son claros, al igual que los llamados históricos del ejemplo de revolucionarios como Bolívar, Fidel, el Che… Y no podemos dejar de mencionar a dos combatientes más, uno es el Comandante Chávez, consecuente bolivariano, inspirador de los mejores sentimientos de todos los que vivimos con él los avatares de estos años, cualquier venezolano puede decir que lo extraña desde una amorosa cercanía que no es posible explicar con palabras, Chávez realmente es como un padre porque nos dio la vida de revolucionarios que jamás podemos abandonar, tuvo la valentía teórica del Che al enfrentarse a los dogmas soviéticos cuando convocó al Socialismo pocos años después del colapso de la URSS, predicho por el propio Che décadas antes. Retomó los esfuerzos de Bolívar, se hermanó con Fidel, nos enseñó a ser internacionalistas, antiimperialistas, anticapitalistas, no es exagerar ni fanatismo, nuestras vidas se dividen en antes y después de Chávez, el que diga que ya era revolucionario antes de Chávez puede jactarse de ello pero tendrá que agregar –como el Che después de sus viajes en moto por América- que luego de Chávez no fue el mismo. Chávez nos hizo humanos desde el llanto hasta la invitación a estudiar, fue tan amoroso como la madre que enseña a leer a su hijo, que lo cuida, que da la vida por él ¿puede acaso la ternura ser llevada a tanta altura y ser sólo eso, ternura? ¿o esa ternura es expresión de valores de los cuales debemos ser elocuencia?

Hay que decir, antes de mencionar el otro ejemplo que queremos traer, que Marx y Engels están en todos ellos, nos legaron para siempre el modo de pensar que nos liberará.

El otro ejemplo queremos mencionarlo desde esta anécdota contada por un revolucionario polaco, Leopold Trepper, quien fue el jefe de la llamada Orquesta Roja, es decir, jefe de los servicios secretos soviéticos que infiltraron a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, él, Trepper relata lo siguiente:

“…En julio de 1914, cuando vivía en Novy-Targ, pequeña localidad polaca en la que nací. Un grito resuena aún en mis oídos:

– ¡Han apresado a un espía ruso!

En pocos instantes había corrido la voz hasta el último rincón de nuestra pequeña ciudad… Los rumores no faltaban en aquellos últimos días de julio de 1914. La noticia se propagó aquel día por las calles y de una a otra ventana: “¡Han apresado a un espía ruso en el pueblo de Pororin y ahora lo traen aquí!”.

Como todos los chiquillos de mi edad, corrí a la estación de ferrocarril para presenciar la llegada del preso. El tren entró en la estación… Custodiado por una pareja de guardias, descendió de un vagón un hombre pequeño, rechoncho, con perilla roja en el rostro y una ancha gorra inclinada sobre la frente. Mezclado con los demás muchachos, seguí al insólito trío que cruzó la plaza mayor antes de penetrar en el ayuntamiento, donde estaba dispuesta una única celda para los borrachos vocingleros. Los guardias encerraron en ella al “espía”. Pero al día siguiente lo trasladaron a la cárcel, que se hallaba exactamente frente a la sinagoga.

Aquel día era sábado. En un instante, los judíos abandonaron el oficio religioso. Formaron pequeños grupos delante de la cárcel, hablando interminablemente de la guerra y del “espía ruso”. Algunos días más tarde, éste fue transferido a Cracovia y los habitantes de Novy-Targ, sobre todo los judíos, pudieron burlarse de un tendero de Pororin que había fiado al espía y a su mujer durante varios meses. La credulidad del tendero judío siguió siendo motivo de chanzas hasta un día de 1918 en que aquél recibió una carta de Suiza. Muy pronto la ciudad entera supo el contenido de la misma:

Confío que querrá excusarme por haberme marchado en 1914, debido a unas difíciles circunstancias, sin pagarle el dinero que le debía. Le ruego que acepte la cantidad que le adjunto.

Vladimir Ilich Lenin  

(En 1918, la Rusia Soviética carecía todavía de relaciones diplomáticas con la mayor parte de los países europeos, y Lenin tuvo que hacer pasar su carta por el territorio suizo. En 1914, lo habían puesto rápidamente en libertad gracias a la intervención de los dirigentes socialdemócratas polacos: el “espía” de aquél entonces se había convertido ahora en el jefe de la Revolución de Octubre). 

Todo lo descrito hasta aquí conforma un conjunto de aspectos fundamentales a la hora de considerar qué hacer, es esencial la preparación teórica aunada a la práctica revolucionaria, entendida ésta como la disciplina y la conciencia necesarias para superar nuestra realidad objetiva, el revolucionario vive en el futuro que sueña pero desde sus actos, si no es puntual, si subestima las tareas, las pequeñas y las grandes, si no asiste a las reuniones, si no estudia el libro que corresponde, si no se autoeduca, si no siente una compulsión moral que lo impulse, entonces ese futuro que sueña se transforma en sarcasmo, en una ironía que paraliza y desvanece el futuro como en las películas futuristas. ¿Podemos esperar el futuro sentados esperando a que pase? O seremos elocuentes con Bolívar cuando dijo en Angostura: “El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces”.

Nos resta construir nuestro aporte, asumir la responsabilidad que nos legara Chávez al tiempo que entregaba su vida, forjarnos revolucionarios, desde cada tarea, desde cada reunión, desde cada discusión, desde cada estudio, desde cada acción, si es justa nuestra causa y cuenta con todo nuestro esfuerzo vencerá los obstáculos y las circunstancias “haciendo una revolución más grande que nosotros mismos”.

En última instancia, cada uno tomará su decisión, a cada compatriota que lee debemos decirle como Fidel a Nikita durante la Crisis de los misiles: “Usted puede convencerme de que estoy equivocado, pero no puede decirme que estoy equivocado sin convencerme”.

¡Que viva Chávez!

¡Que viva el Socialismo!

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