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No Se Puede Ser Grande Impunemente

EDITORIAL: NO SE PUEDE SER GRANDE IMPUNEMENTE

Roberto Carlos Palacios / Cátedra Che Guevara – Venezuela

Correo Electrónico: revolucionomuerte.info@gmail.com

Twitter: @catedrache

 

¿Podemos hacer una revolución socialista pidiendo permiso al imperialismo o sus oficiales nacionales? ¿Cómo enjuiciaba el Libertador la caída de la Primera República? ¿Necesitan de nuestra clemencia el imperialismo y sus lacayos? ¿Por qué no hablamos de los intereses contrapuestos de la oligarquía y el pueblo, en vez de reconciliación con todos los actores políticos, económicos y sociales?

La conciliación con la oligarquía y sus representantes es antinatura, castra a la revolución del fervor popular y la voluntad de cambio. No se pueden reconciliar la emancipación con la opresión, el socialismo con el capitalismo, la consecuencia de intentarlo es no profundizar la revolución.

Chávez nos alerta siempre, y pocas semanas después de la derrota del sabotaje petrolero reflexionaba en un encuentro llamado “Pensar la Revolución”(1), esto decía:

      “…Es necesario revisar siempre las ideas, preguntarnos de dónde venimos (…) de dónde es que venimos, porque la agitación de todos los días pudiera traer el riesgo de la confusión, de las perturbaciones, preguntarnos ¡epa!, ¿dónde es que estamos?, en medio a veces de torbellinos. Preguntarnos ¡epa! ¿hacia dónde es que vamos? Momentos y lugares apropiados para preguntarnos, para pensarnos y para repensarnos, pensar la revolución aquí está en juego la vida de la patria.”

Planteaba la necesidad de definir una brújula para guiar la acción:

      “Y esto que está ocurriendo hay que enfocarlo a la luz de nuestra ideología, por eso decía al comienzo cuán oportuno es el momento que vivimos a nivel nacional y a nivel mundial para fortalecernos en lo ideológico. La ideología, la ideología en alguna parte leía hace varios años estudiando la ciencia política que la ideología es como una brújula para orientarse, para que una fuerza política, para que una corriente política se oriente en el mapa tan complicado de la acción política…”

Y además definía una de las raíces esenciales de esa brújula ideológica, Simón Bolívar:

      “Entonces la ofensiva requiere fortaleza y una de las más importantes fortalezas que necesitamos son las ideas bien claras, la brújula y la brújula se llama Bolívar.”

Ese azimut, esa brújula nos permite calibrar si vamos por el camino correcto, y Chávez lo puntualiza nítidamente:

      “…Se trata de que la ideología debe tener conexión con la realidad y sobre todo si es una ideología revolucionaria debe tener una conexión con una realidad para ser transformada, una realidad que está en transformación; una ideología debe tener fuerza motriz, una ideología debe ser capaz de emocionarnos, una ideología debe ser capaz incluso de hacernos morir por ella, sólo así se convierte en ideología transformadora, en ideología revolucionaria; ahora la idea es (…) llevar esa ideología a lo concreto.”

Dudamos que el diálogo con la oligarquía emocione a alguien, la ideología en conexión con la realidad actual debe conducir a tomar las medidas que transformen la realidad económica y la conciencia que engendra.

No se puede ser grande impunemente, decía el Libertador. No se puede hacer una revolución socialista sin enfrentar al imperialismo y sus lacayos, decimos nosotros.

Bolívar para transformar la realidad concreta de 1812, analizó las causas de la caída de la Primera República, siendo crudo, crítico, no llamando al diálogo a Monteverde como hizo Miranda. Y luego del análisis de la realidad emprendió la Campaña Admirable para transformarla. Veamos lo que dice Bolívar en su célebre Manifiesto de Cartagena:

      “El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse en el teatro político fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo del sistema tolerante; sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por todo el mundo sensato, y tenazmente sostenido hasta los últimos periodos, con una ceguedad sin ejemplo.”

      “Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los Gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía no habíamos enteramente concluido!.”

Hoy, más de 200 años después, se nos presente similar dilema: ¿vamos a capitular ante Monteverde o emprenderemos la Campaña Admirable?

Fuentes:

(1) Intervención del Comandante Chávez en el encuentro “Pensar la Revolución”. 24 de Marzo del año 2003.

(2) Simón Bolívar. Manifiesto de Cartagena, escrito el 15 de diciembre de 1812.

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