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La Elocuencia Del Ejemplo

EDITORIAL: LA ELOCUENCIA DEL EJEMPLO

Roberto Carlos Palacios / Cátedra Che Guevara – Venezuela

Correo Electrónico: revolucionomuerte.info@gmail.com

Twitter: @catedrache

 

¿Somos apasionados defensores de un ideal que se reafirma y fortalece en el sacrificio? ¿Predicamos con el ejemplo, que es la mejor elocuencia?

Estas interrogantes provienen de una carta escrita por Fidel Castro, y en su carta eran afirmaciones, hoy todos sabemos que fueron respaldadas con su vida.

Dedicaremos varios editoriales a la elocuencia del ejemplo de los que mueren como viven, los que construyen el futuro desde la coherencia de la austeridad, que demuestran en lo cotidiano lo que podemos llegar a ser todos.

Más que un homenaje, estas líneas son un llamado concreto a los revolucionarios de hoy, a los que intentamos construir el futuro desde lo transcendental pero muchas veces siendo incoherentes en lo cotidiano, a todos nos hacen falta referencias, paradigmas, que no sean inalcanzables, la admiración debe ser acompañada por actos concretos que reflejen el futuro que anhelamos. Los medios deben ser coherentes con el fin.

Vamos a narrarles la coherencia, los valores revolucionarios, la elocuencia del ejemplo de seres humanos extraordinarios ante situaciones cotidianas que nos demuestran que podemos ser mejores y sumarnos al largo y sinuoso caudal del río revolucionario.

Hoy comenzaremos con la ayuda de Leopold Trepper, un revolucionario polaco, quien fue el jefe de la llamada Orquesta Roja, es decir, jefe de los servicios secretos soviéticos que infiltraron a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, él, Trepper relata en su autobiografía lo siguiente:

“…En julio de 1914, cuando vivía en Novy-Targ, pequeña localidad polaca en la que nací. Un grito resuena aún en mis oídos:

– ¡Han apresado a un espía ruso!

En pocos instantes había corrido la voz hasta el último rincón de nuestra pequeña ciudad… Los rumores no faltaban en aquellos últimos días de julio de 1914. La noticia se propagó aquel día por las calles y de una a otra ventana: “¡Han apresado a un espía ruso en el pueblo de Pororin y ahora lo traen aquí!”.

Como todos los chiquillos de mi edad, corrí a la estación de ferrocarril para presenciar la llegada del preso. El tren entró en la estación… Custodiado por una pareja de guardias, descendió de un vagón un hombre pequeño, rechoncho, con perilla roja en el rostro y una ancha gorra inclinada sobre la frente. Mezclado con los demás muchachos, seguí al insólito trío que cruzó la plaza mayor antes de penetrar en el ayuntamiento, donde estaba dispuesta una única celda para los borrachos vocingleros. Los guardias encerraron en ella al “espía”. Pero al día siguiente lo trasladaron a la cárcel, que se hallaba exactamente frente a la sinagoga.

Aquel día era sábado. En un instante, los judíos abandonaron el oficio religioso. Formaron pequeños grupos delante de la cárcel, hablando interminablemente de la guerra y del “espía ruso”. Algunos días más tarde, éste fue transferido a Cracovia y los habitantes de Novy-Targ, sobre todo los judíos, pudieron burlarse de un tendero de Pororin que había fiado al espía y a su mujer durante varios meses. La credulidad del tendero judío siguió siendo motivo de chanzas hasta un día de 1918 en que aquél recibió una carta de Suiza. Muy pronto la ciudad entera supo el contenido de la misma:

Confío que querrá excusarme por haberme marchado en 1914, debido a unas difíciles circunstancias, sin pagarle el dinero que le debía. Le ruego que acepte la cantidad que le adjunto.

Vladimir Ilich Lenin  

(En 1918, la Rusia Soviética carecía todavía de relaciones diplomáticas con la mayor parte de los países europeos, y Lenin tuvo que hacer pasar su carta por el territorio suizo. En 1914, lo habían puesto rápidamente en libertad gracias a la intervención de los dirigentes socialdemócratas polacos: el “espía” de aquél entonces se había convertido ahora en el jefe de la Revolución de Octubre).”

Lenin ya era el principal dirigente de la primera revolución socialista de la humanidad, seguramente el tendero hubiese comprendido que no pudiera con tantas ocupaciones regresarle lo adeudado. Sin embargo, el líder bolchevique honró su compromiso, y su ejemplo llega hasta hoy, no sólo por el inconmensurable legado de la Unión Soviética, sino además por su práctica cotidiana.

Sirva el relato del “espía ruso”, proscrito en su país, asediado por la guerra, como ejemplo para los revolucionarios bolivarianos, que en medio de una situación económica adversa como la que vivimos debemos hacer prevalecer los principios por sobre los intereses, los valores revolucionarios por encima de los vicios y la mezquindad en momentos de necesidad.

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