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LA LAY DEL VALOR

EDITORIAL: LA LEY DEL VALOR Y LA SOCIEDAD DEL FUTURO

Roberto Carlos Palacios / Cátedra Che Guevara – Venezuela

Correo Electrónico: revolucionomuerte.info@gmail.com

Twitter: @catedrache

 

¿Qué es la ley del valor? ¿Está vigente? ¿Cómo es la sociedad futura, la que debemos construir?

A veces la teoría se hace pesada, sin embargo hay que estudiar, y mucho más si somos pueblo pobre. Los pobres de la tierra tenemos que esforzarnos por avizorar el futuro que anhelamos para poder construirlo. Por eso, aunque parezca un ladrillo esto que escribimos hoy, intentaremos elevar el nivel de la discusión, de los temas que abordamos.

Son muchas las mistificaciones y vulgarizaciones existentes acerca de las bases sobre las cuales funciona la moderna sociedad burguesa, en este editorial analizaremos aspectos generales que determinan el intercambio de equivalentes, el intercambio mercantil propio del capitalismo, para ello analizaremos en primer término el valor como propiedad concreta y relación social, como pasaporte al mundo de las mercancías.

La discusión sobre los alcances de la ley del valor tiene algunos antecedentes, por ejemplo, los debates realizados en la Unión Soviética o en Cuba Socialista. En este aspecto queremos detenernos para señalar algunos elementos claves.

Se señala y está escrito en los manuales soviéticos, que la ley del valor puede ser limitada en su acción mediante la propiedad estatal de los medios de producción, dado que permite morigerar el desarrollo capitalista de las ramas de la producción involucradas.

Por su parte, el famoso Gran Debate desarrollado en Cuba en los años 1963-1964, encabezado por Ernesto Che Guevara, donde participaron teóricos europeos como Charles Betelheim y Ernest Mandel, además de cuadros dirigentes de la Revolución Cubana, abordaba el mismo asunto. La discusión giraba entre otros aspectos a la vigencia o no de la ley del valor en el socialismo. Este debate incluía a los partidarios de la visión soviética mencionada más arriba que expresa los supuestos límites de acción de la ley del valor, y también a los partidarios del acorralamiento del mercado para evitar el desenvolvimiento de las categorías mercantiles.

Esta última corriente de pensamiento era encabezada por el propio Che Guevara, para entonces Ministro de Industrias de Cuba. Sus planteamientos iban desde la planificación centralizada de la economía, utilizando métodos de gestión ya en uso por corporaciones transnacionales, hasta el uso de dinero aritmético para controlar los flujos de producción en la zona económica de propiedad estatal, todo esto para apuntalar una superestructura en la sociedad cubana acorde con los valores socialistas y evitar el funcionamiento de la ya mencionada ley que regula el intercambio de equivalentes.

Pero ¿por qué daban tanta importancia a la ley del valor? ¿qué es a fin de cuentas esa ley y por qué es necesario refutarla para superar el capitalismo?

La respuesta hemos de buscarla en Marx y en su obra cumbre: El Capital, crítica de la economía política. En el capítulo 1, Marx se dedica al análisis de la mercancía como célula económica de la moderna sociedad burguesa, y desarrolla a lo largo del capítulo el mecanismo mediante el cual el modo de producción capitalista opera. No obstante, a los efectos de este editorial y lo expuesto hasta ahora, citemos lo que dice Marx al respecto de las preguntas formuladas:

      “Si recordamos, empero, que las mercancías sólo poseen objetividad como valores en la medida en que son expresiones de la misma unidad social, del trabajo humano; que su objetividad en cuanto valores, por tanto, es de naturaleza puramente social, se comprenderá de suyo, asimismo, que dicha objetividad como valores sólo puede ponerse de manifiesto en la relación social entre diversas mercancías.” (1)

La cita permite establecer una premisa fundamental para la comprensión de la Ley del Valor, el funcionamiento de esta ley se pone de manifiesto en la relación social entre las diversas mercancías, es decir, para “ver” el funcionamiento de esta ley, hay que “ver” una relación social, y esta relación social existente entre las diversas mercancías está anclada en una misma unidad social, en uno de los brillantes descubrimientos de Marx: el trabajo abstracto.

Dado que es una categoría marxista, dejemos que sea su progenitor el que la defina:

      “Si hacemos abstracción de su valor de uso se refiere al producto del trabajo],  abstraemos también los componentes y formas corpóreas que hacen de él un valor de uso. Ese producto ya no es una mesa o casa o hilo o cualquier otra cosa útil. Todas sus propiedades sensibles se han esfumado. Ya tampoco es producto del trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero o de cualquier otro trabajo productivo determinado. Con el carácter útil de los productos del trabajo se desvanece el carácter útil de los trabajos representados en ellos y, por ende, se desvanecen también las diversas formas concretas de esos trabajos; éstos dejan de distinguirse, reduciéndose en su totalidad a trabajo humano indiferenciado, a trabajo abstractamente humano.”  (2)

El trabajo abstracto constituye una categoría central que permite articular la moderna sociedad burguesa, no es objeto de este ensayo profundizar en todos los aspectos relacionados, por ejemplo, la sustancia del valor (desgaste de la Fuerza de Trabajo), y la magnitud de valor (Tiempo Social Medio y Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario), simplemente diremos que podemos establecer la relación social inherente para comprenderla y estudiarla.

Cabe aclarar también que: “… el trabajo humano crea valor pero no es el valor, crea valor al solidificarse, al pasar a la forma objetiva…” (3)

Esta última afirmación de Marx es la que más comunmente escuchamos pero que a nuestro entender simplifica la ley del valor y aleja su comprensión al no partir desde la relación social descrita anteriormente.

No podemos agotar en un solo editorial el desarrollo ulterior que corresponde con lo descrito hasta ahora, es decir, la forma simple de valor, su forma relativa, la forma equivalente, la forma desplegada o forma total de valor, su forma general, hasta llegar al carácter fetichista de la mercancía. Todos aspectos que son inherentes a la ley del valor, y que exponen cómo se subordina el trabajo útil a la acumulación de capital, sin embargo, queremos concluir este suscinto esbozo exponiendo con Marx lo que está detrás de la madeja, cómo es la producción que supera la producción de mercancías, veamos un atisbo para finalizar, la cita es extensa pero se explica por sí misma:

      “Para investigar el trabajo colectivo, vale decir, directamente socializado, no es necesario que nos remontemos a esa forma natural y originaria del mismo que se encuentra en los umbrales históricos de todos los pueblo civilizados. Un ejemplo más accesible nos lo ofrece la industria patriarcal, rural, de una familia campesina que para su propia subsistencia produce cereales, ganado, hilo, lienzo, prendas de vestir, etc. Estas cosas diversas se hacen presentes enfrentándose a la familia en cuanto productos varios de su trabajo familiar, pero enfrentándose recíprocamente como mercancías. Los diversos trabajos en que son generados esos productos -cultivar la tierra, criar ganado, hilar, tejer, confeccionar prendas- en su forma natural son funciones sociales, ya que son funciones de la familia y esta practica su propia división natural del trabajo, al igual que se hace en la producción de mercancías. Las diferencias de sexo y edad, así como las condiciones naturales del trabajo, cambiante con la sucesión de las estaciones, regulan la distribución de éste dentro de la familia y el tiempo de trabajo de los diversos miembros de la misma. Pero aquí el gasto de fuerzas individuales de trabajo, medido por la duración, se pone de manifiesto desde un primer momento como determinación social de los trabajos mismos, puesto que las fuerzas individuales de trabajo sólo actúan, desde su origen, como órganos de la fuerza de trabajo colectiva de la familia.

      Imaginémonos finalmente, para variar, una asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una fuerza de trabajo social. Todas las determinaciones del trabajo de Robinson se reiteran aquí se refiere a Robinson Crusoe],  sólo que de manera social, en vez de individual. Todos los productos de Robinson constituían su producto exclusivamente personal y, por tanto, directamente objetos de uso para sí mismo. El producto todo de la asociación es un producto social. Una parte de este presta servicios de nuevo como medios de producción. No deja de ser social. Pero los miembros de la asociación consumen otra parte en calidad de medios de subsistencia. Es necesario, pues, distribuirla entre los mismos. El tipo de esa distribución variará con el tipo particular del propio organismo social de producción y según el correspondiente nivel histórico de desarrollo de los productores. A los meros efectos de mantener el paralelo con la producción de mercancías, supongamos que la participación de cada productor en los medios de subsistencia esté determinada por su tiempo de trabajo. Por consiguiente, el tiempo de trabajo desempeñaría un papel doble. Su distribución, socialmente planificada, regulará la proporción adecuada entre las varias funciones laborales y las diversas necesidades. Por otra parte, el tiempo de trabajo servirá a la vez como medida de la participación individual del productor en el trabajo común, y también, por ende, de la parte individualmente consumible del producto común. Las relaciones sociales de los hombres con sus trabajos y con los productos de éstos, siguen siendo aquí diáfanamente sencillas, tanto en los que respecta a la producción como en lo que atañe a la distribución”. (4)

El reto es formidable, construir una sociedad humana integrada, imposibilitada de explotarse a sí misma.

 

Fuentes:

(1) El Capital. Crítica a la economía política. Carlos Marx. Siglo XXI Editores. Año 2009. Capítulo 1, Página 58.

(2) El Capital. Crítica a la economía política. Carlos Marx. Siglo XXI Editores. Año 2009. Capítulo 1, Página 47.

(3) El Capital. Crítica a la economía política. Carlos Marx. Siglo XXI Editores. Año 2009. Capítulo 1, Página 63.

(4) El Capital. Crítica a la economía política. Carlos Marx. Siglo XXI Editores. Año 2009. Capítulo 1, Página 95 y 96.

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