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Daniel

EDITORIAL: DANIEL

Roberto Carlos Palacios / Cátedra Che Guevara – Venezuela

Correo Electrónico: revolucionomuerte.info@gmail.com

Twitter: @catedrache

 

Nuestro camarada Daniel prematuramente ha partido, prematuramente para nosotros. Abnegado combatiente, cultivaba el conocimiento, el estudio, como el amor mismo. Como dice nuestro amigo Atahualpa: era un generoso torrente de cultura, no podía expresar nada sin profundizarlo. Así, como vivió, se ha ido. No queremos agregar más, dejamos a la posteridad su despedida.

La vida ocurre… sin más qué celebrar o lamentar sino la vida misma.

Me gusta pensar que hay por celebrar más que por lamentar. De esto último, como no sea la separación de la gente amada, lo demás es un luto muy gravoso. Y como mi máxima vital ha sido “joder lo menos posible”, procuraré que mi huella sea lo menos profunda que pueda.

Celebro mi vida porque tuve gente que me amó y me cuidó, desde antes de nacer hasta después de mi muerte. Particularmente el amor de las mujeres de mi familia… El amor maternal, fraternal y vital de las damas que me acompañaron en este devenir fue mi garante. Todas. Pero mamá, la abuela Isabel y Lisset deben ser nombradas.

La celebro porque pude conocer a mis antecesores, a mi hijo, y a mis amigos y amigas en el camino mismo de existir y de resistir. Eso se agradece. Y mucho: Ramón Serra, Sergio Gorostiaga, el viejo Simón Arado; Juancho, Joshua y los Tatuyes hermanos y hermanas, todos deben ser nombrados con honra y cariño. Debo agradecer mucho al personal de la Unidad de Diálisis y Servicio de Nefrología del Hospital Universitario. A Todas y todos los integrantes del servicio. Pero especialmente a las Doctoras Residentes Mayra Castellanos y Claudia Moronta y a las Enfermeras Yliana Lobo y Carmen Balza, cuyas destrezas y trato amoroso me salvaron la vida y la mantuvieron durante este tiempo de padecimiento. A los compañeros de Cenditel que sustentaron solidariamente mi situación. Estoy simplemente agradecido. Esta última etapa de mi existencia no habría sido en la ausencia de todas y todos. ¡Gracias! Hicieron mi mundo más vivible.

Celebro la vida porque pude disfrutar de sus pequeños placeres: El juego, la curiosidad satisfecha, el conocimiento, la risa, el llanto, la solidaridad, el cariño, el roce la piel. El arte… Eso se agradece. Sólo lamento la indiferencia, la ignorancia, la estupidez que quedan de este lado. El mundo muy difícilmente será un mejor lugar para vivir y morir si esto no cambia.

Lamento dejarles un poco más solos; espero haber sido útil y que su cotidianidad conmigo les haya hecho querer ser un poco menos indiferentes o cínicos.

Otto, hijo, sólo sé tú. Sin dañar a nadie nunca. No dejes que el egoísmo o la ironía te muestren el camino. Huye de éstos como del mal mismo, porque lo son. Procura ser valiente, sabio y solidario que son los caracteres que constituyen a los mejores seres humanos. Los santos son de madera o yeso y se queman, rompen o carcomen. Y los guerreros finalmente son asesinos. Te amo.

Les deseo una larga y merecida vida. Ojalá esté sembrada de la paz que engendra el envejecimiento sabio… ya no nos veremos más. Adiós…

Me gustó conocerles… un abrazo y un beso…

Daniel-Efrén.

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