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El Problema De La Gasolina 2

EDITORIAL: EL PROBLEMA DE LA GASOLINA

Roberto Carlos Palacios / Cátedra Che Guevara – Venezuela

Correo Electrónico: revolucionomuerte.info@gmail.com

Twitter: @catedrache

 

¿El problema de la gasolina es únicamente el contrabando y lo barata que es?

Mucho se habla de lo barata que es la gasolina, que hay que aumentarla, que es un subsidio a las clases pudientes que debe suprimirse, y que el precio tan bajo induce al contrabando. No obstante, poco se habla del esquema de concesiones mediante el cual operan las estaciones de servicio.

Las estaciones de servicio, llamadas popularmente “las bombas de gasolina”, funcionan a través de concesiones que PDVSA entrega a particulares para que distribuyan el combustible. Este mecanismo es simplemente una manera más de transferir la renta petrolera. El particular,  privado o comerciante, que detenta la concesión además cuenta con la asignación de una partida de recursos que PDVSA le paga luego de calculados los costos de manutención de la estación de servicio en optimas condiciones. Adicionalmente, PDVSA asigna al concesionario otra partida de recursos que corresponde a las ganancias, dado que venderá la gasolina a un precio que no le permitirá cubrir esos costos ni el margen de ganancia que todo negocio persigue. Pero como si esto fuera poco, lo que entra por venta de la gasolina también se lo queda el concesionario.

En resumen, lo que llamamos el dueño de la bomba de gasolina, el concesionario, sin hacer nada prácticamente recibe dos partidas de recursos, y además se queda con lo que genera la venta de la gasolina, que si hipotéticamente es destinada al contrabando estamos hablando de enormes sumas de dinero.

Todo el cuadro presentado nos permite proponer algunas medidas. La primera de las cuales sería finiquitar las concesiones y que las estaciones de servicio formen parte de la organización de PDVSA que se encarga del suministro de combustibles. PDVSA desde la Vicepresidencia de Comercio y Suministros y sus distintas organizaciones (Mercado Nacional, Empresa Nacional del Transporte, Gerencias de Plantas de Distribución, Gerencias de los Distritos, Seguridad Industrial e Higiene Ocupacional, la Gerencia de Estaciones de Servicio, Ventas Industriales) podrían encargarse como un eslabón más de lo que llaman cadena de valor, de las estaciones de servicio, a través de un sencillo estudio general del funcionamiento de estas estaciones se evaluarían los costos actuales de manutención respecto a su funcionamiento en otro esquema más especializado e incluido como un proceso de Mercado Nacional (organización de PDVSA que se encarga de la distribución nacional del combustible).

Así, las estaciones de servicio contarían con medidas de seguridad que hoy son poco respetadas, garantizadas por personal calificado para tal fin (de ser necesario este personal puede ser formado y certificado por PDVSA), con la mística que caracteriza al trabajador petrolero (mística vapuleada por la campaña oficial paradójicamente), además de garantizar las optimas condiciones generales de las estaciones que hoy no son las mejores, dado que muchos de los concesionarios no invierten los recursos asignados para el mantenimiento necesario.

Adicionalmente, es necesario dotar a las estaciones con surtidores de combustible que permitan el pago del importe con tarjetas electrónicas (como los de citgo), de acuerdo a la asignación mensual de la cuota definida previamente a través de un registro automatizado del parque automotor y sus conductores debidamente identificados, cruzadas las datas que corresponda, en PDVSA existen los profesionales calificados para la implantación de un sistema de este tipo. Esta sencilla medida impactaría el contrabando de extracción de manera definitiva, reduciendo el consumo actual en una manera considerable (algunas estimaciones indican que alrededor de 100 mil barriles de combustible son extraídos diariamente vía contrabando).

Muchos dirán que racionalizar el consumo a través de una cuota no es viable, pero las medidas que necesitamos deben ser ejemplarizantes, lo que proponemos debe contar además con una campaña que muestre el concurso de miles de trabajadores petroleros en los distintos procesos (de extracción de crudo, transporte, refinación, envío por poliductos a los centros de distribución, las cisternas o gandolas que llevan el combustible a cada estación, el aforo de los tanques), hasta llegar al surtidor de combustible, además que se combata el derroche habitual (carros detenidos por horas con aire acondicionado funcionando, miles de carros que trasladan una sola persona, traslados innecesarios, etc).

Debemos volver a asumir tareas como sociedad, impulsar un nuevo sistema de necesidades, iniciar la derrota del egoísmo que impera, la arrogancia que se impone. No obviamos la necesidad de sincerar el precio de la gasolina respecto a sus costos de producción, pero eso debe ser una consecuencia de la coherencia y la conciencia social que impulsemos y no una fría medida económica para combatir el déficit.

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