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Año 2086

(CUENTO) AÑO 2086

Año 2086. La Humanidad, gracias a la 1º Gran Revolución Socialista Mundial, logró cambiar el rumbo capitalista que la llevaba hacia la extinción de la vida en el planeta. La producción mundial de alimentos que antes de la 1º GRSM era 4 veces superior a lo requerido bajó ajustándose casi al valor correspondiente a la satisfacción de necesidades. El hambre en la era capitalista siempre fue causada no por falta de producción, al contrario ésta era excesiva, sino por la injusta distribución consecuencia de la dictadura de las leyes del mercado. Sin embargo, a pesar de los grandes avances en cuanto al incremento de la productividad y al desarrollo y puesta en práctica de un nuevo sistema de necesidades en el que prevalece lo espiritual sobre lo material, dejando en el pasado capitalista el derroche y el consumo de bienes y servicios superfluos; aún no se puede cantar victoria: la población mundial debe controlar sus tasas de consumo de energía, los límites objetivos del planeta así lo exigen. Y no es que no se puede sostener pero el precio ecológico sería demasiado alto, el planeta no podía ser patrimonio exclusivo de la especie humana, eso sería negar el derecho a existir a la biodiversidad, lo que a final de cuentas iría en contra de la propia Humanidad.

Mateo Alí, un joven venezolano perteneciente a la brigada de científicos internacionalistas revolucionarios “Comandante Che Guevara” paseaba con su botella de agua en la mano por la orilla de playa Parguito, en la isla Margarita. Atardecía, ya comenzaba la noche a acariciar sigilosa el horizonte, cangrejos blancos corrían veloces de un lado a otro, y aves tan frágiles como ligeras cazaban pequeños crustáceos que quedaban en evidencia al retirarse la espuma de las olas. Sus huellas marcaban la senda de uno de los investigadores más reconocidos en la actualidad. A lo lejos una hermosa muchacha con una guitarra se acerca corriendo, a Mateo Alí le parece que Esther Alejandra y la guitarra forman una composición de belleza perfecta, no sólo por la semejanza de las figuras sino porque el sonido de las melodías de esa guitarra en aquellas delicadas manos alcanzaba un grado de armonía supremo con la dulce voz de ella, su compañera amorosa.

Esa noche habría consejo de los científicos de la brigada, y ambos darían sus mejores esfuerzos, participarían en la reunión desde un antiguo pero bien cuidado bohío recreacional, acondicionado con abundantes plantas aromáticas a sus alrededores para espantar los zancudos y jejenes, y dentro cómodos asientos blancos, en contraste con el color madera preponderante, alrededor de una mesa redonda.

En el lugar de cada participante, un par de lentes de realidad virtual. Estarían en ese sitio Mateo Alí, Esther Alejandra, Álvaro Julián, Celeste Alba y Diego Andrés, pero el encuentro virtual involucraba a 284 científicos de todo el mundo y en calidad de espectadores unas 400 millones de personas. El consejo de la brigada de científicos internacionalistas revolucionarios “Comandante Che Guevara” realizaría esa noche (noche para este lado del planeta) la 5ta sesión de discusión del tema más importante asumido por la Humanidad después de la gran revolución socialista: abordar el problema de la sobre población mundial. Ya alcanzado y rebasado los límites de viabilidad ecológica del tamaño de la población humana, aun con el alto grado de racionalización del consumo de recursos naturales, el haber alcanzado 10 mil millones de habitantes conllevaba una presión de demanda de recursos para la ecología planetaria.

Mateo Alí y Esther Alejandra defendían una propuesta que cada vez ganaba más adeptos pero que representaba profundos problemas éticos pues implicaba una modificación genética no reversible de la especie humana, una Protesis Genética para la AutoProducción y Aprovechamiento de Nutrientes (Proyecto PGAAN). Ésta era una aplicación en los humanos del principio de simbiosis entre los corales y las zooxantelas (estas microalgas al tiempo que les proporcionan a los corales oxígeno y nutrientes, absorben el dióxido de carbono que estos producen). El par de investigadores habían modificado genéticamente una cepa de estas microalgas y las hicieron adaptables al cuerpo humano, además de incrementar su tasa de producción de nutrientes hibridándolas con Arthrospira sp (espirulina, otra microalga con muy altos niveles de producción de nutrientes, tanto que se le considera desde finales del siglo XX como un súper alimento, incluso por la extinta FAO).

El resultado de la incorporación localizada de zooxantelas en la piel de la espalda de Mateo Alí es que le aporta 73% de sus requerimientos nutricionales tanto proteicos como calóricos y vitamínicos, con la desventaja de depender de la ingesta diaria de no menos de 4 litros de agua para ayudar al sistema renal y hepático a procesar y desechar los metabolitos resultantes. Además obviamente requería recibir luz solar con regularidad diaria. El núcleo duro del asunto es que un efecto colateral no previsto es que el tejido corporal de Mateo Alí reproducido in vitro luego de su transformación en “hombre alga” da como resultado un crecimiento por debajo de lo normal y la muerte temprana de dichos tejidos.

Ensayos posteriores demostraron que lo único que evitaba ese proceso degenerativo era la incorporación del híbrido de zooxantelas. Esto determinaba dos cosas importantes: habría ocurrido una modificación genética de Mateo Alí, convirtiéndolo en un organismo dependiente de su particular simbiosis con el híbrido de microalgas, y la segunda inherente a ésta es que esta transformación sería muy probablemente hereditaria.

Comenzó la sesión.

Buenos días y buenas noches según los respectivos hemisferios en que se encuentren camaradas, iniciemos como siempre nuestra reunión con un minuto de silencio en honor y para no olvidar los siglos de resistencia, sufrimiento, sacrificio y heroísmo del proletariado en la lucha de clases hasta el triunfo de la Gran Revolución Socialista Mundial– Con esas palabras desde la Gran Nación Socialista de África daba inicio al debate el anciano científico especializado en proteómica y en las teorías de la complejidad, Wilder Keplirg Kembelé.

Según veo en la planificación es mi turno en el derecho de palabra ¿estamos de acuerdo?– silencio aprobatorio-. Luego, sembró el espíritu de la duda y la reflexión profunda a partir de estas palabras emitidas con la serenidad y firmeza de un sabio que desea lo mejor para sus congéneres: “Ya hemos avanzado en el conocimiento técnico de la propuesta, ciertamente impresiona y se entiende el apasionamiento de quienes la defienden, pero aún quedan en la incógnita otros posibles efectos colaterales, no olvidemos que ya grandes mayorías en todo el mundo, sobre todo los mas jóvenes, hacen listas para someterse al injerto con microalgas. Disminuir en un 73% el requerimiento de alimentos podría tener muchas ventajas ecológicas, sociales e individuales, aunque es una afirmación sin certeza. No así en lo político, lo ético y lo espiritual: un salto de esta naturaleza en el curso de la historia de la humanidad debe pensarse con profundidad, ¿vamos a inaugurar una nueva etapa de la evolución de la especie más sorprendente sobre la faz de la Tierra, un salto evolutivo desde la planificación consciente, tal como se interpreta de los argumentos de sus defensores o es este impulso una evidencia de profundas falencias en el carácter de nuestro sistema de planificación de necesidades? ¿realmente tenemos derecho a intervenir tan hondamente la configuración genética de las futuras generaciones?

En ese momento el planeta entero era un murmullo, miradas encontradas, gestos de reflexión, movimientos congelados por el frío de la duda, hasta los mas audaces se acariciaban la barba pensativos.

Hermanos y hermanas se me ocurren esas y otras necesarias preguntas como ¿y después que alcancemos una cota poblacional aún injertada con microalgas qué hacer? ¿“avanzar” a una nueva modificación genética? ¿no sería mejor desarrollar un sistema de control y regulación de la natalidad que permitiera planificar el tamaño de la población en función de los ya populares “límites objetivos del planeta”? ¿o tal vez mejor aún a partir del consenso generamos una tendencia mundial de disminución de la tasa reproducción? Con estas preguntas mis queridos hermanos y hermanas cierro mi intervención, que el amor a la vida sea siempre nuestro guía.”

Estas palabras obligaban a elevar el nivel de la discusión, sin duda. Álvaro Julián Montes estaba en la lista de los derechos de palabra, un ferviente defensor de la objetividad y la neutralidad, científico y filósofo, especializado en ciencias médicas relacionadas con el diseño de prótesis de alta gama que incluyen corneas, tímpanos, hígados, riñones entre otros, y con interesantes aportes en ingeniería de automóviles voladores con uso de aguas residuales como combustible. Su intervención:

“Hasta hace menos de un siglo la Humanidad luchó para liberarse del monstruoso sistema capitalista, hoy este debate demuestra que uno de los grandes objetivos del socialismo, del comunismo, se está cumpliendo: la sociedad toma las riendas de su destino a través de la planificación de su existencia, no perdamos de vista esto porque es un estímulo moral importante, un hito que marca un significativo paso en la profundización del carácter comunista de la sociedad que ha derrotado y superado el capitalismo. Ahora, yendo al grano, las palabras de nuestro apreciado amigo y doctor Kembelé son una excelente introducción para yo decir lo siguiente: considero que debemos reconocer que el tamaño la población humana hace ya décadas que representa un riesgo muy acentuado para la sobrevivencia de la propia especie, para nadie es un secreto que las élites de poder durante la última etapa del capitalismo desarrollaban un plan para la disminución dramática y cruel del tamaño de la población, su objetivo tenía más que ver con aspectos relacionados con frenar la tendencia a la caída de la tasa de ganancia o conjurar rebeliones populares multitudinarias e incontrolables, pero su coartada en ese momento era lógica y razonable; hoy es un argumento irrefutable: es necesario desacelerar el crecimiento de la población hasta llevarlo a un estado de equilibrio dinámico con la capacidad de carga de nuestro hogar sideral: la Tierra. La fórmula del Homo sapiens algae y una planificación permanente de la tasa de reproducción de la familia humana es mi propuesta hermanos y hermanas del mundo”.

II

Hubo una pausa, Esther Alejandra meditaba profundamente sobre su condición: estaba embarazada de Mateo Alí, se había enterado ese mismo día, ni él, su amado, lo sabía. Un ligero roce del pie de él con el suyo la hizo salir del ensimismamiento, era su turno en el debate.

Como mujer de ciencias y de artes, ingeniera de materiales, artista plástica y practicante de guitarra, con una sensibilidad especial hacia los seres vivos y la naturaleza, había ayudado a Mateo Alí en el desarrollo de los experimentos que lo llevaron al éxito actual, su experiencia abarcaba la creación de nano partículas de carbono útiles en los procesos de aceptación de tejidos extraños en los trasplantes de tejido muscular y de piel. Su intervención:

“Saludos hermanos y hermanas del mundo, camaradas y amigos de la brigada, aquí estamos de nuevo debatiendo estas ideas, esta propuesta… Sabemos que el resultado de lo que aquí se plantea definirá el curso de la humanidad, pero hay grandes hechos que se dan sin aviso ni decisiones, diría Hegel “es la astucia de la Historia”, o como decía uno de mis abuelos venezolanos: “lo que fue, fue”. Bueno, no encuentro más palabras de protocolo para decir lo que debo decir: estoy embarazada de Mateo Alí. Hizo silencio.

Mateo Alí la miró a la vez que sentía que se desvanecía, los demás miembros de la brigada, en todas partes del mundo miraban desconcertados y asombrados, y las infinitas reacciones de más de la mitad de la población del planeta que presenciaba aquel colosal desgarramiento de la Historia que paría una nueva especie a partir del Homo sapiens se podían resumir en una sola frase: ¡Esto es asombroso!

Ella, tomó aliento y continuó:

“Sé que el protocolo de seguridad indica para casos como este el aborto o la esterilización temprana de ese nuevo ser que se forma dentro de mi, obviamente yo elegiría el segundo; sin embargo, quiero someter a consideración incorporar en la toma de decisión la conservación de la integridad de mi futuro hijo. Para esto argumento lo siguiente: una vez conformado este núcleo familiar podremos evaluar mejor muchos parámetros que no habíamos tomado en cuenta, como el desarrollo completo de un ser humano que muy probablemente nacerá con la modificación genética esbozada, lo que nos daría una amplísima ventaja respecto a las condiciones actuales para debatir con mayores y mejores argumentos la factibilidad o no de masificar nuestra propuesta. Claro está la decisión final de asumir o no la transformación radical del genoma humano no podría tomarse ya, tendríamos que esperar años, pero insisto se haría con mejores elementos de juicio.”

El doctor Kembelé anuncia un receso de 10 minutos para meditar e informa que el próximo derecho de palabra lo tendrá el boliviano/camerunés Silvio Kimbana, especialista en reforestación de zonas desertificadas, con larga trayectoria en la creación de planes generadores de bosques y otros ecosistemas como arrecifes y manglares, uno de los más connotados defensores de la necesidad de reducir la población hasta niveles armónicos con la capacidad de carga de la naturaleza.

Estas fueron sus palabras:

“En el capitalismo tener una cantidad de hijos numerosa era un anhelo cuya raíz psicológica era reactiva a las condiciones de opresión capitalista, se quería tener muchos hijos porque eso era fuente de esperanza, símbolo de fortaleza machista o hembrista, meta de realización plena como mujer o como hombre o como padres; en fin, la escasa planificación del tamaño de la descendencia, mantenida en dependencia directa de las condiciones económicas abundantes o escasas, o del grado de formación cultural, eran rasgos demográficos y culturales propios de la barbarie que gracias a la Gran Revolución Socialista Mundial iniciada por la Revolución Socialista Bolivariana, en nuestra querida patria hermana Venezuela hemos casi completamente superado. Ahora debemos profundizar nuestro socialismo mundial avanzando conscientemente en el tema de la planificación familiar en función de mantener sanos y cada vez mejores vínculos con nuestro único planeta habitable.” 

Luego irrumpió el doctor Kembelé, dejando entrever angustia y cierto grado de ofuscación por el giro que llevaba la discusión: ¡el crecimiento poblacional es un problema cultural! ¡¿acaso no podemos ver que en algún momento perdimos el rumbo hacia aquella sociedad socialista o comunista que soñamos y luchamos por siglos?!… -con tono sarcástico- modificar el genoma humano para disminuir el consumo de energía y nutrientes un gran avance”, ¡ja! Díganme ¿en qué nos diferenciamos de aquellos soldados genéticamente modificados que construían los gringos de principios de este siglo? ¿por qué no reconocemos que aún no conseguimos sentirnos satisfechos espiritualmente con la sociedad que somos, que aún nos quedan fuertes rezagos de la cultura consumista de la era capitalista y que es por eso que nos encandilamos con novedades tecnológicas cuyo trasfondo es la moda de usar el último artilugio inventado? ¡No debemos aceptar esta propuesta! Nosotros representamos el futuro de la humanidad para nuestros antecesores; lo representamos porque larga fue la angustia y la miseria, el dolor y el crimen, la injusticia y el oprobio que como especie tuvimos que derrotar para devolverle a la Humanidad su sentido humanista y naturalista, y eso ocurrió no hace ni 100 años, somos la nueva sociedad apenas comenzando a andar.

Justo al finalizar estas palabras se activó la señal de inicio de un nuevo receso.

El chileno venezolano Jean Oscar Baquero, quien participaba en la reunión desde su residencia, un viejo velero fondeado a 300 metros de la orilla, en una tranquila bahía caribeña, en la que se dedicaba a pintar grandes lienzos al oleo, de no menos de 2 metros por 2 metros, su pasión artística eran los paisajes submarinos, que no solamente pintaba sino que se dedicaba a recrear con la escultura de estatuillas en madera, resinas moldeables, arcilla, entre otros materiales. También era un riguroso estudiante de la especie humana, sus ensayos al respecto se habían ganado el mérito de la opinión pública mundial, continuador de las tesis de Wilhem Reich, Carl Jung y Morris Berman. Navegante solitario, aventurero y libertario. A este peculiar personaje le tocaba el turno en el derecho de palabra:

Buenas noches querida especie. De verdad agradezco el honor que se me concede de participar en este debate tan importante. Felicitaciones a Esther Alejandra por su embarazo, sea como sea, ese niño o niña gozará de todo el amor que esta sociedad tan avanzada ha logrado proveer a sus integrantes. Amor que como sabemos está garantizado tanto en su expresión material como espiritual. Pero sería un error fatal creer que ya somos la sociedad que queremos ser, no se reprograma la psiquis humana -valga la redundancia- de toda la Humanidad en menos de un siglo, y estas palabras no son un preámbulo para decir que estoy absolutamente en contra del proyecto P-GAAN, pero sí quiero manifestar mis reservas desde los mismos argumentos de mi amigo Kembelé, y añadir mis propuestas que serían las siguientes:

Primera: darle paso a la propuesta acá debatida pero sólo a ser aplicada a quienes deseen asumirla voluntariamente con la condición de previamente someterse a una esterilización sexual definitiva; de esa manera se garantizarían el derecho a la libre elección pero sin menoscabo del patrimonio genético natural de la especie humana.

Segunda: Realizar una crítica profunda a nuestro sistema de necesidades hasta dar de manera precisa y rigurosa con la raíz de este entusiasmo generalizado en pro de intervenirse genéticamente con la supuesta motivación de ayudar al planeta, motivación sobre la cual tengo las mismas sospechas y señalamientos que el camarada Kembelé. Fin de mi intervención. Muchas gracias.

Kembelé quien como recordamos era el director del debate decidió pasar inmediatamente a la siguiente fase de la discusión que era su debate mundial, para ello dijo lo siguiente:

A partir de este momento ponemos el desenlace de este debate bajo la responsabilidad del sistema de asambleas de la Confederación Mundial de Todos los Pueblos del Mundo.

¡Larga vida al Socialismo!

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