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La Batalla De Las Ideas (cuento) 2

(CUENTO) LA BATALLA DE LAS IDEAS

La osadía de la estupidez

La noche, con su lánguido silbido de viento en aquella fría madrugada, susurraba pánico en los oídos de los detenidos, las manos contra una pared que se humedecía con el sudor helado de aquellos imberbes escuálidos “combatientes por la libertad” cuyos corazones latían con tal fuerza que no los dejaba escuchar sus propios pensamientos obnubilados por el terror.

No entendían nada, ellos habían luchado por sacar a los chavistas del poder y lo lograron, luego se ensañaron con los chavistas que no apoyaban a maduro, es decir, con los chavistas radicales o comunistas, los más peligrosos según les habían enseñado en las embajadas gringas e israelíes, los persiguieron hasta el último rincón del país. Los quemaron vivos, los lincharon, los humillaron. Hicieron su parte. Tras todo ello las promesas: desde juegos de video de última generación hasta mansiones de oro en algún lugar a escoger en el planeta. Les prometieron mucho dinero, muchas cosas, abundantes fetiches, y no les cumplieron. Sólo recibieron jornadas laborales de 12 horas, sin permiso ni para ir al baño, les privatizaron la salud, el agua, los servicios básicos, alimentos y medicinas impagables mientras una diminuta cúpula de gobernantes y empresarios (la MUD) se reían de ellos en su cara, llegaban al extremo de tirarle algunos billetes verdes a los pies de las jóvenes para obtener todo tipo de “masajes”. Se convirtieron literalmente en esclavos de extranjeros en su propio país.

Ahora cuanto pequeño o mediano negocio o empresa era tomado a la fuerza por extranjeros angloparlantes, el mismo destino de la clase media en Libia que adversaba a Gadaffi: los gringos les expropiaron todo incluyendo a los libios que clamaban por esa “ayuda humanitaria”. Mientras el nuevo gobierno antichavista respaldado por tropas gringas en el territorio venezolano los azotaba.

II
Capturados por los mercenarios gringos

Los jóvenes tan sifrinos como desubicados e ignorantes habían salido a protestar esa noche creyéndose el cuento de que si habían sacado al sucesor de Chávez también sacarían al nuevo títere de las transnacionales. No les dio tiempo ni de sacar los cauchos, ni de ponerle las mechas a las bombas molotov, ya los habían delatado sus propios vecinos, cobardes que entregaban a quienes hacía meses aplaudían en las refriegas de la invasión militar extranjera.

Sólo cuando a Estiven y a su grupo les ocurrió, creyeron aquello que alguna vez le contaron sobre las violaciones a mujeres y hombres cometidas por el ejército que supuestamente había llegado a liberarlos, tal como ocurrió y ocurre en Colombia.

“Welcome to the hell” decía la chaqueta de uno de los más crueles bastardos torturadores gringos, el mismo que les espetaba:

_ ¿and you say they fought in favor of us invading your country? ¡damn stupid! jaaaaajajajaja
¿Do you think superman exists ah? Jaaajajajajajajaja

Las horas de aquella noche se les convirtieron en el infierno más macabro que nunca hubiesen imaginado, sintieron en carne propia todo lo que le habían deseado y hecho que ocurriera a los chavistas, eran pichones de fascistas en las fauces masticadoras de fascista consumados, por primera vez comenzaron a sentir vergüenza de su maldita estupidez pero ya era tarde, les había llegado la hora de sufrir los horrores de la guerra.

III 

El milagro rojo

Amanecía apenas y de pronto una explosión en la entrada del edificio (que antes era parte de un conjunto residencial en Altamira y que ahora era un centro de operaciones de los invasores) dio inicio a un duro enfrentamiento entre fuerzas patriotas revolucionarias (del Ejercito Bolivariano de Liberación EBL) y los mercenarios. Estos últimos se habían confiado en su soberbia y cayeron en una emboscada, el edificio estaba minado con bombas activadas a distancia desde días antes. Su ubicación y características lo hacía apetecible para montar una base de operaciones, era obvio para el comando revolucionario, y lo convirtieron en una trampa de la que lo gringos no podrían salir con vida.

Los jóvenes apresados sobrevivieron porque quedaron encerrados en un sótano que providencialmente pasó de ser su tumba  y centro de torturas a su salvación. El enfrentamiento duró unos 45 minutos, los patriotas simulaban que se les agotaban las municiones y a pocos minutos hacían estallar otra bomba dentro, obligando a salir del edificio a sus ocupantes que creían que podrían correr lo suficientemente rápido hasta el otro edificio, sólo lo lograron 3, eran unos 20. Los demás cayeron en el intento, los francotiradores patriotas estaban demasiado bien ubicados. A aquellos 3 los esperaba la amarga y letal sorpresa de ser las víctimas de la última explosión, pues dónde corrieron a esconderse también estaba minado. Y es que las fuerzas patriotas estaban constituidas en aquella unidad táctica de combate por un extraordinario equipo de revolucionarios internacionalistas.

Una vez cesó el combate y la batalla estaba definida a favor de los revolucionarios estos hicieron requisa en el edificio y escucharon las voces de los otrora “defensores de la libertad” escuálidos pidiendo auxilio, cagados de miedo los encontraron, adoloridos y humillados. El comandante revolucionario Camilo les exigió identificarse y les aseguró el mínimo de bienestar que podía ofrecerles. Debían salir rápido de allí porque pronto llegarían los bombardeos aéreos a arrasar, de nuevo, aquella parte de la ciudad. Iban raudos en par de vehículos a internarse en la zona sur oeste de la ciudad, en una cueva en el talud de un cerro en el que hasta hace no mucho hubo un barrio y ese día era un espantoso cementerio gracias a los inclementes bombardeos “humanitarios”.

Ya en la cueva-bunker antiaéreo, y mientras los atendía el personal médico:

Camilo- Entonces Estiven, ¿de dónde sacaron tu nombre chamo?, tu como que eres maracucho jeje… entonces me decías que luchaste a favor de esta mierda que está sucediendo pero que ahora te arrepientes y nos das las gracias por salvarnos. Yo te voy a decir algo muchacho, ustedes sólo tendrán libertad cuando liberen sus mentes y, como desde un punto de vista estrictamente militar ustedes son nuestros enemigos, les toca cumplir una penitencia con estricta severidad en su cumplimiento, ¿está de acuerdo?

Estiven_ ¡Por favor no nos hagan más daño!

C._ ¡Ya ya! ¡No vayan a ponerse a llorar otra vez, tengan algo de dignidad, ni siquiera les he dicho la penitencia todavía.

E._ Está bien, de acuerdo señor Camilo, díganos ¿cuál es esa penitencia?

C._ ¡Van a leer y de paso nos van a dar clases de lo que lean! Van a leer a Hegel y a Marx, y luego van a leer a Roldosky. Tienen dos semanas para cumplir esa tarea. Van a leer desde que se despierten hasta que se duerman. Obviamente van a realizar sus labores de limpieza y colaborar en la cocina y todo lo que se les ordene en función de mantener estos espacios dignos, pero su tarea principal va a ser leer.

La médico y la enfermera que los atendían se rieron discretamente mirando a Camilo, siempre tenía ingeniosas ocurrencias para con los escualiditos que caían en sus manos, nunca los maltrataba, en realidad los ponía en camino de su redención, la vez anterior los puso a investigar el pensamiento económico del Che Guevara y debieron escribir un ensayo de no menos de tres páginas al respecto. Aquellos dieron las gracias y decidieron incorporarse a las filas de la milicia. Estos irían por el mismo camino.

Y así con audacia, valor, conocimiento y principios, la victoria estratégica estaba asegurada.

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