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(CUENTO)  UN AGUJERO DE GUSANO EN LA VIDA DEL POETA… UNO, EL CAMARÓN

(CUENTO): UN AGUJERO DE GUSANO EN LA VIDA DEL POETA BRUNO, EL CAMARÓN (PARTE I)

I

El león dormido

matriculaba su vida

para el festín del cazador innoble

el estruendo

el crimen

la foto indigerible

la abyecta estupidez necrofílica

desollando la pureza de la vida…

estos fueron los versos extraños de aquella hora extraña, de aquel hombre extraño, que recostado en el respaldar de la cama de su habitación echó mano de su botella de licor barato, un trago largo como una lágrima de nostalgia,  apagó su computadora y se hundió en la nada, etílica, de su bohemia rutina.

Lo que no podía saber es que en ese momento un accidente en el orden cuántico del Universo, digamos,  un bucle espacio temporal causado por el colapso (¿o nacimiento?) de algún agujero de gusano en quién sabe qué lugar de la infinitud sideral, tuvo un punto de convergencia con esta parte de la realidad conocida por nosotros, justo en esa habitación de pensión de mala muerte. Nadie podría explicarlo, por lo menos no en está época con sus correspondientes herramientas categoriales, solo podemos afirmar que sucedió.

Bruno (“el Camarón Poeta” como le decían por ser de tez rojiza y escribir versos rabiosos para las redes sociales) tendría que haber enloquecido en grado ascendente mil veces para haber descifrado sin ayuda qué le había sucedido aquella ¿noche?.

Despertaba, abriendo los ojos impulsado más por la necesidad de beber agua e ir al baño que por falta de sueño, así que aún estaba lejos de darse cuenta de cualquier novedad. La cortina de su ventana, especial para impedir la entrada de los rayos del sol en las mañanas, lo mantenían en la agradable penumbra, que tan bien le caían a sus ojos irritados de tanto ver la pantalla encendida de su computadora. A tientas y tambaleándose se levantó, llegó hasta el retrete no sin antes darse cuenta de que el bombillo no encendía, masculló alguna maldición y se sentó, interiores abajo, codos en las rodillas y manos en la cara tratando de recordar su agenda para ese día. Otra vez su rutina sin más metas que deambular, escribir sus tristes versos y beber.

Allí sentado escuchó que no muy lejos trinaban algunas aves, lo cual le pareció muy raro, no recordaba que sus vecinos tuvieran aves enjauladas, además aquellos sonidos no provenían de una única dirección sino de varias, como sucede en los montes, pero él no vivía en ningún monte, su pensión barata estaba herméticamente encapsulada entre una decena de pensiones del mismo tipo en uno de los barrios más despreciados de aquella ciudad, sumidero de desidias, analfabetismo, vulgaridades, en fin todo lo que hace despreciable a un grupo humano marginado por el capitalismo. Apuró el paso de la realización de sus necesidades fisiológicas, tenía que asomarse por la ventana a ver.

-¿Qué coño está pasando allá a fuera?- murmuró y apartó con una mano la pesada cortina sintética.

Sus ojos se abrieron desmesurados, y cayó desmayado de la impresión. Al rato, como había caído sobre su propia cama, al comenzar a salir del desmayo pensó que todo había sido un sueño loco, y quiso seguir durmiendo, tomó otro trago, pero el trinar de las aves seguía ahí, además escuchaba risas y exclamaciones que le parecía poder entender. Y lo que había visto volvió a su memoria.

– ¿Que es lo que pasa? ¿me estoy volviendo loco o qué?

Tembloroso se disponía a asomarse de nuevo por la ventana…

II

¡Hey amigo! ¡Saludos! ¡Acérquese! ¡Vamos, salga de sus casa! ¡Todo esta bien! Aunque estás palabras eran tan amables, y el sonriente y bello rostro de la mujer que se las dirigía no permitía sospechar la menor intención de maldad, no fue lo que captó su atención. Al Camarón se le cayó la mandíbula al mirar un paisaje tan iluminado, limpio, amplio, paradisíaco: ¡una playa marina! ¡Era cierto lo que vio rato antes!, corrió la ventana de vidrio y sintió de golpe la fresca brisa marina mañanera, con su olor a anémonas y su música de olas, el cielo azul, el mar con su horizonte de sueños que navegan, el verde tropical que a lo lejos se hacía gris en la vegetación que rodeaba su ubicación en esa costa, las hojas de “uvas de playa” vibrando con las caricias atmosféricas, cangrejos blancos de saltones ojos negros corriendo en la arena, elegantes cocoteros guardianes de la costa. Quiso desmayarse otra vez pero sus piernas estaban tan rígidas que lo mantuvieron de pie, firme como una roca. Sería esto lo que animó a la mujer a acercarse a la vivienda de Bruno, tranquila pero alerta, siempre sonriendo.

Mujer – Hey amigo, ¿cómo se llama?  Mi nombre es Malva, permítame acercarme, no le haré daño ¿está de acuerdo? Sé que necesita explicaciones y yo puedo comenzar a dárselas, pronto vendrán más personas y no estaría de más que usted comience a entender su nueva situación. 

Bruno, gagueando –  E, e, está bien.. acérquese y explíqueme, porque en realidad no creo estar muerto, mi nombre es Bruno, pero me puede decir Camarón, así es como me llaman.

Malva – ¿le gustan las guayabas? Por aquí tengo unas que conseguí en el camino, vengo a esta zona de la playa de vez en cuando y hoy tuve la suerte de conseguir un nuevo “gusano” jejeje

Bruno (más confundido que molesto) – ¿me está diciendo gusano?

Malva – Pues sí jajaja

Su risa, como la risa de toda mujer hermosa, era una poderosa fórmula mágica que derrumbaba hasta el más alto y grueso muro defensivo en el alma de cualquier hombre, más aún en aquel poeta maldito cuya mayor habilidad había sido siempre encontrar belleza dónde todos veían cualquier cosa insignificante o aburrida.

Malva – Tienes cara de poeta

Bruno – Lo soy

Malva – Entonces eres valiente y saldrás de tu cubil

Bruno, sintiéndose retado – Lo haré

Dio media vuelta, y así como estaba, descalzo, y con la ropa vieja que usaba para dormir, se encaminó a la puerta de su pocilga llena de libros y papeles. No sin antes tomar firmemente por el cuello a su botella de cucuy de penca. Presentía que la necesitaría (como siempre).

Al abrir la puerta su perplejidad y asombro alcanzaron de nuevo picos máximos en sus emociones. Una llanura con suaves lomas se extendía en kilómetros de paisaje, con unas inmensas montañas cortando el horizonte, bajó de la loma en que el azar del Universo colocó su vivienda, Malva recogía cerezas de un arbolito justo al pie de esa loma. Al voltear a ver su residencia observó que ésta había sido arrancada de cuajo de dónde fue construida, dejando expuestas cabillas, cables y trozos de paredes… Enseguida le pareció que ahora era basura mal dispuesta en medio de ese lugar tan fantástico.

III

Malva –  Toma valiente- entregándole guayabas y cerezas a Bruno – Vamos a caminar y comienzo a explicarte. 

Bruno, mirando fijamente el mar –  Está bien, ¿pero me das unos minutos? 

Malva ¿Para qué?

Bruno – Ya verás

Y, dejando su preciada botella en manos de ella, se desvistió hasta quedar en interiores y salió corriendo a meterse en el mar, riendo y brincando como un niño, atravesó la playa y sin detenerse un instante entró al agua corriendo con zancadas de muchacho, zambulléndose una y otra vez, en pleno éxtasis de felicidad, riendo y gritando, llorando… Malva, enternecida y sonriente, lo miraba desde la orilla, sentada, comiendo sus frutas y robándole un trago de aquel aguardiente del otro lado del Universo, preguntándose de qué lugar de la Tierra hace 5 millones de años habría llegado este loco agradable.

Una vez drenada buena parte de la adrenalina el alma del Camarón le dio lugar al pensamiento racional y entendió que necesitaba, más que al aire limpio que por primera vez en su vida respiraba, las respuestas de por qué y cómo había llegado allí. Y salió del agua, revitalizado y feliz pero a la vez con esa necesidad cada vez más intensa de entender que había pasado.

Bruno  Por favor Malva, explícame, explícamelo todo, necesito entender, necesito saber que no estoy loco, que esto no es un sueño. 

 Malva – Sí amigo Camarón, le explico ¿has escuchado hablar de los agujeros negros en el espacio?

Bruno –  Sí, una cosa interesante pero de la que no sé mucho… 

Malva – Sí muy interesante, hay otro fenómeno parecido que los conocedores han llamado “agujero de gusano”, ambos son distorsiones del espacio tiempo difíciles de comprender pero que existen. Un agujero negro lleva a universos paralelos la luz y la materia que se traga de este. Un “agujero de gusano” traslada de un punto a otro en la línea de tiempo de la existencia de este Universo a un fragmento de sí mismo.  ¿Entendiste? 

Bruno – claro que no 

y ambos rieron

Malva – Nadie entiende eso así de buenas a primeras, pero es necesario comenzar por ahí, en términos prácticos, un agujero de gusano  te arrojó a  unos 5 millones de años en el futuro, eso  según cálculos de los especialistas aquí. Por eso te dije cuando te encontré que eras mi gusano, así le decimos de cariño a quienes encontramos provenientes de ese remoto pasado. Este sitio al parecer es un remanso en el que caen con frecuencia “gusanos” como tú, y como mis abuelos.

Bruno –  carah… pásame la botella por favor, ¡eso si que merece un buen trago! 

Malva – ¿tienes libros en tu habitación verdad?

Bruno –  No tantos como quisiera pero sí, tengo libros, y no sólo de poesía, de joven fui comunista y tengo unos cuantos libros de economía política y teoría revolucionaria. También algo de ingeniería, no sólo en físico sino en digital. 

Malva – ¡Que bien! Es mucho de lo que aquí siempre necesitamos, conocimientos útiles, verás, al parecer la humanidad se autodestruyó hace unos cuantos millones de años. 

Bruno- No me sorprende

Malva – Sí, no logramos superar al sistema capitalista en aquel entonces, sin embargo por motivos que aún desconocemos, entre los primeros gusanos arrojados aquí hubo y siguen llegando muchos intelectuales revolucionarios, mis abuelos por ejemplo, también líderes indígenas, poetas, guerrilleros, anarquistas, astrónomos, científicos, etcétera y nos hemos ido organizando con criterios distintos, acá somos unos dos millones de habitantes en toda la tierra, somos el renacer de la Humanidad 5 millones de años después de su extinción ¿increíble no?

Bruno, reflexivo – Totalmente, al parecer la naturaleza nos da una nueva oportunidad a través de sus mejores hijos…

Malva- Bien dicho poeta, algo así pienso yo también. 

Luego de un rato de silencio

Bruno – ¿eso es todo?

Malva – Por el momento sí.

Bruno¿Quieres entrar a mi destartalada “nave espacial”?

Malva – Bueno, sí, quiero conocer tus libros y tus poemas

Bruno – Vamos…

A partir de ese momento la descarga de sustancias cerebrales relacionadas con los placeres del amor como oxitocina, adrenalina y otras se hicieron presentes en esta pareja que apenas se conocía, el desenlace de esta situación no podría ser otro que un tributo bien generoso al dios Eros.

IV

Agotados y felices yacían en aquella cama empapada con el sudor de ambos. La relatividad del tiempo se manifestaba una vez más, eran muchas más las horas que habían pasado de lo que ellos percibían, sólo el reloj biológico del hambre comenzó a quitarles la rica modorra post orgásmica.

Voces desde la playa – ¡Malva, ¿estás ahí?!

Malva, gritando pero con tedio-  Sí muchachos aquí estoy, todo está bien -sonriendo picaramente y besando a su gusano- ya salgo… Vamos mi Camarón, te presentaré a mis amigos y a mi comunidad, ahora comienza una nueva vida para ti, tienes mucho que aprender y nosotros de ti.

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