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MARÍA EUGENIA SAUL PARTIÓ ACOMPAÑADA DEL DESPERTAR DEL PUEBLO

MARÍA EUGENIA SAUL PARTIÓ ACOMPAÑADA DEL DESPERTAR DEL PUEBLO

Autora: LUCÍA SEPÚLVEDA RUIZ

En medio del Corona Virus, del estado de emergencia, la cuarentena y la injusticia de siempre, nos dejó el 22 de mayo María Eugenia Saul Urquieta, debido a un paro respiratorio, en brazos de su hija. La periodista fue miembro del equipo histórico de la revista Punto Final, desde donde afianzó su compromiso con un periodismo crítico. Ella fue parte de una generación de periodistas comprometidos en Chile con las luchas sociales. Trabajó junto a Augusto Olivares, Mario Díaz, Augusto Carmona, y Pepe Carrasco entre otros destacados comunicadores que la precedieron en la partida,  marcándola en el ejercicio de la profesión.  El golpe militar la forzó al exilio, profundizando su vínculo militante con las ideas revolucionarias y las luchas de los pueblos de  América Latina. Vivió la revolución sandinista cubriendo en los años 70 esas luchas para la agencia internacional Interpress y formó parte también de la redacción de PF Internacional en México. María Eugenia había sido también docente en la Escuela de Periodismo de la Chile, tras la reforma universitaria,  y más tarde lo fue en Canadá, donde hasta el 2002 enseñó en Montreal, en el Departamento de Sociología del Cégep Edouard-Monpetit. Regresó a Chile en 2002.

Conversamos a fines de 2018 en el café Torres y luego en su casa donde nos acogió junto a su hija Eugenia Domínguez, subdirectora de la Escuela de Periodismo de la U de Chile, y su nieta, Eloísa González, ambas cercanas a la revista. María Eugenia Saul participó con entusiasmo en la preparación  de un acto sobre la trayectoria de la revista Punto Final tras su cierre forzoso, por razones económicas ligadas a la concentración del avisaje y la propiedad de los medios de comunicación en Chile. Su testimonio forma parte del video Homenaje a Punto Final proyectado en el Teatro Camilo Henríquez.  En mirada retrospectiva, junto a la crítica del periodismo que actualmente se ejerce en Chile en los medios tradicionales, María Eugenia reafirmó su compromiso con el tipo de periodismo que ejerció a lo largo de su vida. Muy dolida por el cierre de PF, recuerda en la entrevista sus orígenes: “Llegando a la revista,  Manuel Cabieses me envió a reportear el Cordón Cerrillos. A partir de ese momento empiezo a transitar por otra parte de la actualidad, que no conocíamos y se ocultaba generalmente, ese mundo distinto que empezamos a reflejar con las tomas de las tierras por los campesinos, las tomas de terrenos de los pobladores por tener una vivienda, y los movimientos. Me parece que eso fue muy importante, porque cada uno descubre un camino, para llegar a saber exactamente lo que todo periodista debe saber, en qué sociedad finalmente vivimos”. En el aniversario N°50 de Punto Final,  el año 2015, ya de regreso en Chile, la periodista ratificaba esa convicción considerando  este medio como un referente revolucionario y haciendo un recuento de las luchas allí reflejadas a nivel global y latinoamericano. 

En los años 60 y ´70

La periodista Gladys Díaz, ex dirigente del MIR y sobreviviente de prisión política y tortura,  entristecida por el fallecimiento de su amiga y colega, rememora hoy los tiempos que compartieron: “Estuvimos juntas en distintas etapas de la vida, me siento muy ligada a ella. Entramos el mismo año a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Era muy estudiosa,  y a la vez graciosa y atractiva, de gran simpatía, una líder en el grupo. Trabajamos juntas en los años 60 en Radio Agricultura por ocho años. Ambas estábamos casadas y nos separamos en la misma fecha…compartimos así los dramas de la vida y también los tiempos hermosos. Después del trabajo nos íbamos con Pepe Gómez López y el Flaco Lira Massi, a tomar algo por ahí. María Eugenia era muy inteligente y siempre estaba promoviendo nuevos temas. Inicialmente estuvo ligada a la Democracia Cristiana pero alrededor del año 71, ya radicalizada, ingresó al MIR, donde fue una aguerrida militante, en ese tiempo muy clandestina y sumergida. Ella trabajaba ya en Radio Corporación y colaboraba, al igual que yo,  en Punto Final. “

¿Siguió ligada a Chile y a la izquierda revolucionaria María Eugenia en el exilio?, interrogamos a Gladys.

“Sí, luego del golpe,  el MIR le pidió hacerse cargo de tareas de comunicaciones en el exterior. Así, ella colaboró en México con el Correo de la Resistencia, el primer órgano internacional creado por el MIR para difundir los crímenes de la dictadura. Yo le enviaba información directamente. En Nicaragua tras el triunfo del sandinismo María Eugenia encabezó la creación de una Agencia Nicaragüense de Noticias donde entre muchos logros, difundía el proceso de alfabetización,  en el que participó también su hija. Nuestros hijos eran adolescentes y como mamás enfrentábamos también juntas esa etapa. En Canadá,  ella creó en Montreal una red extraordinaria de apoyo a las tareas de la resistencia y la lucha en Chile, nos reunimos allí, fue una red activa por muchos años.”

La Patria Grande en su vida

En nuestra conversación en el Café Torres, María Eugenia mostraba su profundo dolor por la actual dispersión de la izquierda y  con lúcida mirada analizaba críticamente el periodismo actual y el modelo neoliberal heredado de la dictadura y consolidado por las políticas de la Concertación. Le dolía esa traición, que consideraba una afrenta  para la memoria de los caídos en la resistencia antidictatorial luchando por una verdadera democracia.

De su experiencia en Punto Final, María Eugenia recordó también con emoción, conversaciones con la compañera exiliada y guerrillera brasileña Jane Vanini, “de presencia discreta”, y secretaria en ese medio. Jane, luego militante del MIR, murió en 1974 en desigual combate con efectivos de la Armada en la población Lorenzo Arenas de Concepción. Para María Eugenia, Jane encarna el concepto de la Patria Grande, “un discurso que hoy está casi olvidado” y que guió su propia vida en el exilio. Nos contaba a propósito de ello:

“Fui parte del ´renacer´ de Punto Final en México,  ya que en Chile la revista fue clausurada y sus redactores perseguidos, encarcelados y algunos, asesinados. Lo importante fue el trabajo de Mario Diaz que concibió esa edición internacional, junto a la colaboración magnífica de Pepone (José Carrasco) y de muchos otros compañeros latinoamericanos y también de internacionalistas canadienses que venían de Quebec y Montreal. Era la revista que buscaban entonces los revolucionarios de todas las tendencias  y también los cristianos revolucionarios, para conocer, para identificarse, lo que sirvió para algo muy relevante: cohesionar el pensamiento revolucionario de la época.»

Resulta paradojal que la periodista, fallecida por un paro respiratorio, haya vivido sus últimas horas en medio del Estado de emergencia y cuarentena,  reviviendo de cierta  manera ese brutal corte del año 73. La misma noche de su muerte, era detenido por horas un camarógrafo de la Señal 3 de La Victoria, y arreciaban las detenciones en protestas por el hambre en poblaciones. Al mismo tiempo, el renacimiento de los “Comprando Juntos” y las Ollas Comunes, formas de organización que florecieron en tiempos de dictadura, genera redes de resistencia al corona virus que enfrentan la represión. En paralelo,  la censura oficial intenta acallar incluso a artistas como los de Delight Lab, querellados por proyectar las palabras “Hambre” y “Humanidad” en el edificio de la Telefónica. 

Después del despertar

El legado de la periodista de los primeros años de ¨Punto Final,  se expresa también en su descendencia directa, con dos generaciones de comunicadoras   comprometidas con las luchas sociales,  la académica y subdirectora de la Escuela de Periodismo, Eugenia Domínguez Saul, y a su nieta, Eloísa González.  El contexto actual  impidió que ellas  recibieran en forma directa la solidaridad,  respeto y cariño de los y las compañeros y colegas de su generación.

El retorno a Chile de la profesional, le permitió ser testigo del lento y sostenido renacer de  los movimientos sociales, expresado en las luchas del pueblo mapuche, el movimiento de derechos humanos, el movimiento estudiantil, los ambientalistas, las feministas y diversidades sexuales. Punto Final acogió desde sus inicios esos movimientos sociales y destacó tempranamente la importancia  del movimiento de los secundarios, liderado entre otros por Eloísa González, entonces dirigente de la ACES y hoy estudiante de periodismo en la casa de estudios donde se formó también la hija de Eugenia. Junto a su familia, María Eugenia vivió desde el 18 de octubre el estallido social,  plasmado luego en la revuelta popular. Su partida en brazos del despertar de su pueblo, donde se multiplican las muestras de resistencia en diferentes territorios de Chile,  se inserta en el camino de liberación que ella siempre buscó acompañar.

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